Historia                                          

                            

                                       

 

                                                                                                     

 
 
 

Principal

 

 

 

LA CAPELLA DEL CRIST

 La Capilla que hoy conocemos no es exactamente la original, (construida y decorada entre el 1725-1749) porque la construcción primitiva se seccionó o acortó en 1854.

            El plano de 1810 es absolutamente revelador en lo que respecta al trazado de la Capilla: una flecha indica la nueva orientación del eje longitudinal del templo, y también el límite que ocupará la nueva fábrica. Observamos algo que sospechábamos: una planta de Cruz griega, con tres brazos iguales i el cuarto en forma absidal, configurando un espacio único bajo la cúpula central. Es el tipo de diseño tan apreciado por los arquitectos del Renacimiento, -como el que hizo Buonarrotti para el Vaticano- y que en plena época del barroco vemos recuperado aquí. Desde este planteamiento tiene sentido la cúpula en su función de cubrir un crucero y no en medio de un rectángulo como el actual.

Comparando el plano de 1810 con el actual, encontramos que la primitiva Capilla ocupaba también el segundo tramo de la nave lateral actual, es decir, llegaba prácticamente hasta la segunda y tercera pilastra, entrando a la izquierda.

El Trasagrario es la parte más desconocida de la Capilla, pero no la menos interesante. Era bastante frecuente en las capillas barrocas, destinar un espacio más reducido y más reservado detrás del retablo, como el que encontramos aquí. Curiosamente, también la plante del Trasagrario adopta la forma de cruz griega, pero sustituyendo uno de los brazos por el altar (destruido en 1936) que corresponde a la parte trasera del retablo mayor. Según se aprecia en el plano, los tres brazos restantes adoptan una forma absidal ligeramente peraltada y la cubierta es de cuadrante de esfera o cascarón. A cada ángulo del cuadrado central, un par de pilastras corintias sustentan los arcos torales, que por medio de pechinas, dan paso a un tambor octogonal con ventanas -reales y simuladas- cubierto por una cúpula.

El conjunto de la cubierta, organizada jerárquicamente a partir de la cúpula mayor de la Capilla, va disminuyendo escalonadamente hasta el ábside, y muestra en el exterior un conjunto de tejados muy interesante que observamos desde la calle san Sebastián, en una de las perspectivas urbanas más amenas del pueblo. Hay que remarcar también la robusta cornisa clásica y la policromía de las pinturas exteriores, con detalles tan delicados como las ménsulas pintadas en los ángulos del tambor de la cúpula menor, hoy por desgracia tan deterioradas que a penas son perceptibles, i que aún así, con el Campanario i el Arco del Fossar, presenta esa silueta tan entrañable para los olivenses.

Esta reduplicación de la planta de cruz griega a una menor escala, hace pensar en la importancia que le dieron en el momento de construirlo.

Todo el pavimento es de azulejos de Manises verdes y blancos, del tipo “mocador”, formando combinaciones geométricas, excepto el rameado del cuadrado central -casi borrado por el uso- y una doble cenefa entrelazando motivos vegetales que rodea todo el perímetro. Del mismo tipo de cerámica del siglo XVIII es el zócalo de unos 80 cm de altura, que recorre todas las paredes.

La parte más esplendorosa de la ornamentación son las pinturas que decoran la cubierta, realizadas por el mismo autor que las de la Capilla. Aunque no se pueda decir que son excelentes, para nosotros son lo mejor, ja que no tenemos en Oliva ningún otro conjunto de pinturas murales de estas características y magnitudes.

En el cascarón S está representado el Bautismo de Jesús, por san Juan, con la presencia del Padre Eterno y el Espíritu Santo sobre un fondo paisajista bastante impreciso. Una pequeña ventana oval en la base de la esfera quiere aportar también alguna claridad. El estado de conservación de esta pintura es el más deficiente.

En el cascarón N aparece la representación de la Tranfiguración en el monte Tabor. También aquí la iconografía es la convencional y parece que el pintor tenia más buena voluntad que maestría si reparamos que el esfuerzo de la pintura de san Pedro no es demasiado satisfactorio.

En el cascarón central, que mira al O, tenemos la Resurrección, donde además de la figura de Cristo, hay cinco soldados de la guardia en una disposición que diríamos caótica. Puede ser que el pintor quisiera expresar así la confusión-sorpresa que les produjo el hecho.

            El tema que decora la cupulita central es la Exaltación de la Cruz, que un grupo de ángeles eleva al Cielo entre nubes. Tal vez la falta de espacio o de genialidad del autor sean la causa de la acumulación de cabezas angélicas y de la composición un tanto recargada que da unos resultados muy poco etéreos.

            En las pechinas tenemos, sobre un fondo azul, la representación excepcional de cuatro figuras femeninas de difícil identificación, aunque probablemente se trate de alegorías de las virtudes cardinales. Sorprende la utilización de este tema en un espacio tan reservado casi en exclusiva para los Evangelistas, (puede ser una elemental simbología: la parte esencial del Cristianismo se apoya sobre los Evangelios, como la parte más majestuosa del templo sobre la representación de los evangelistas). Es posible que esta sustitución responda a que los cuatro autores sagrados ya están representados -junto a los Santos Padres Latinos: S. Ambrosio, S. Agustín, S. Gregorio y S. Jerónimo, los otros “pilares” de la doctrina- en los ocho sectores o gajos de la cúpula central de la Capilla.

            Una pechina en el ángulo SO muestra una figura femenina acompañada de un pato y que sostiene una pequeña balanza en la mano izquierda (la Justicia). Otra, al NO, presenta a una mujer con la mano descansando sobre un escudo junto a la pierna izquierda y a sus pies yace un león (la Fortaleza). La figura del ángulo EN, parece que lleva una serpiente enroscada en el brazo izquierdo, y la del ángulo SE muestra dos cuerdas…

            Dadas la reducidas dimensiones del Trasagrario, podemos suponerle un acceso restringido, probablemente para celebraciones litúrgicas especiales, bien por su solemnidad o para la veneración de la imagen en un ambiente de mayor recogimiento e intimidad.

            La cuidada decoración del pequeño recinto, serviría para acentuar su mayor sacralidad.

Consideremos las pinturas de la Capilla; son de carácter mayoritario y divulgador: la Gloria, con los santos populares, titulares de las calles; Evangelistas y Santos Padres, los símbolos de la Pasión enmarcados por las arquitecturas figuradas de las ventanas… Ahora fijémonos en la elección de los temas representados en el Trasagrario. Observamos un mayor simbolismo y contenido teológico: en los cascarones san Juan Bautista, la Transfiguración y la Resurrección, precisamente en los pasajes donde queda más patente la divinidad de Jesucristo. Y en la cúpula, la culminación/resumen la tenemos en la Cruz glorificada y glorificadora de los cristianos.

            Pensándolo bien, no deja de sorprender que la decoración pictórico-mural en una Capilla dedicada a Cristo en la Cruz, no consista en los conmovedores momentos de la Pasión -tan frecuentes en capillas similares- sinó que todas las escenas muestran a Cristo glorificado. Así pues, el Cristo de Oliva no es un Cristo de Semana Santa sinó un Cristo triunfante.

            En el año 1999, la Capilla del Cristo cumple 250 años de su edificación y 100 de su restauración.